Aumentan las trampas para ahuyentar al ciclista de la montaña

Un hombre quedo parapléjico en 2015 al chocar con una piedra puesta en un camino

Manuel Fernández, de 57 años, salió a hacer una ruta en bicicleta con amigos por la montaña, entre las localidades de Bueño y Palomar(Asturias). Iba el primero en una bajada no muy pronunciada con la vista fija en el suelo. No quería tropezar con ramas ni piedras. No miró al frente. Aunque si lo hubiera hecho quizás tampoco se habría percatado del trozo de alambre de espino, colgado entre dos árboles, al que se estaba acercando irremediablemente.

El golpe en la cara fue inevitable. Fernández cayó de espaldas. Abrió los ojos y vio entonces el trozo de cable balanceándose sobre su cabeza. Había topado con una de las numerosas trampas que en los últimos años están proliferando en los montes españoles.

Algunas, como el alambre que desfiguró el rostro de Fernández, no son intencionadas, se deben a una imprudencia. Pastores, por ejemplo, que colocan lindes improvisadas para que no se disperse su ganado.

Pero muchas otras las ponen cazadores, ganaderos o propietarios de fincas para ahuyentar a ciclistas y motoristas de los caminos porque les resultan molestos.

“Algunos de los obstáculos son accidentales, los colocan sin saber que pueden ser peligrosos, pero otros están hechos a mala leche”, explica Víctor Tarodo, vicepresidente de la Asociación Internacional de Bicicleta de Montaña (Imba, en sus siglas en inglés). Fernández sintió el alambre de espino, pero Diego no tuvo tanta suerte. Hace escasos meses una enorme piedra colocada en medio del camino, en un cambio de rasante, le dejó parapléjico. El juzgado número 6 de Vigo ha abierto diligencias para investigar el caso, con cuatro personas imputadas.

“La piedra contra la que chocó Diego no la puso una sola persona, ese peso no lo mueven entre tres hombres”, asegura Tarodo, que alerta de que esta práctica está aumentando sobre todo en Galicia. La Guardia Civil ha abierto una investigación por varias trampas en los montes de Verducido (Pontevedra).

Diego y Manuel son las víctimas peor paradas tras su encuentro con una de estas trampas, pero otros ciclistas que han visto cómo unos enormes pinchos clavados en tablones de madera reventaban las ruedas de su bicicleta al pasar, sin verlos, por encima.

Los ciclistas no son el único colectivo que sufre esta práctica. También lo hacen los motoristas, para los que puede resultar más mortífera. “Es increíble que haya personas capaces de colocar un alambre, sabiendo que eso mata”, exclama Ángel Viladoms, presidente de la Real Federación Motociclista de España. Viladoms señala que los responsables son individuos aislados que se proponen “hacer daño de verdad”.

Fuente: El Pais

Author: admin

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